Conocí
Un Curso de Milagros como conclusión de una larga trayectoria
de búsqueda en mi vida que me permitió experimentar
numerosas técnicas y procedimientos que estaban respondiendo
a aquello que buscaba como algo auténtico y duradero. Estoy
hablando como tantos de vosotros, que habréis experimentado
en la cantidad de posibilidades terapéuticas, sanadoras y
espirituales que en este momento se presentan y que responden según
mi modo de ver a una necesidad de verdadera sanación de la
humanidad, de los millones de seres humanos que poblamos este planeta.
Al nivel que proponen, pueden ayudar si permiten crear un espacio
de confianza y honestidad, donde poder reconocer y desmontar los
patrones y creencias erróneas del ego. La paradoja sucede
en el momento que algo que aparentemente te une produce el efecto
contrario, y se convierte en una idea de carencia y de que hay algo
que lograr o nos permite un bienestar momentáneo pero que
no ha llegado a la raíz y a la verdad que subyace detrás.
Lo que más me llama la atención después de
entrar en la dinámica de estudio de Un Curso de Milagros
es reconocer que mi propio ego (lo que yo llamo el núcleo
duro) se ha mantenido totalmente intacto ante todas estas experiencias
que me han aportado una idea de mi propia necesidad de mejorar algo
o de cambiar algo, y por lo tanto confirmar la idea de separación.
Aun cuando este planteamiento pueda parecer demasiado radical es
el resultado de ver las cosas de otra manera, donde no cabe más
opción que nuestra propia honestidad. Jesús nos dice
que esto que está ocurriendo es una creación de tu
mente y el despertar es algo inherente a ti, independientemente
de lo que hagas. De hecho la idea de hacer a veces supone una búsqueda
equivocada del perdón. Si todo ha sucedido ya, es tu mente
la que está recreándose, y por lo tanto el Curso propone
que deshagas aquello que tu mente cree que está sucediendo
mediante el perdón. Todo es una decisión. Yo puede
decidir, como Hijo de Dios, que quiero verdaderamente sanar mi mente
de la experiencia de separación que ha creído suceder.
Todo el miedo y la culpabilidad que surge ahora en mi vida, es el
indicador del error que he creído estar viviendo, y la oportunidad
de declarar mi inocencia ante el Espíritu Santo. El curso
me hace saber que sólo Dios existe.
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