Nombre:
Áurea Vives
Lugar:
Barcelona - España
Actividad:
maestra de Un Curso de Milagros
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Fue
el final de una etapa y el comienzo de otra. Desde niña supe
que había algo, algo que iba a encontrar o encontrarme, con
la certeza de que estaba ahí, esperándome.
Algo cansada de tanta cháchara sobre espiritualidad, durante
un tiempo me mantuve ausente de las personas implicadas en esos
temas.
Seguía
mi búsqueda en solitario, triste de dicha soledad, sin saber
cómo y con quién compartir mis pensamientos, sensaciones
y experiencias, que no eran pocas.
Un día, sin saber el por qué, entré en una
sala de estos temas. Me pregunté qué hacía
entrando en un chat, después de tanto tiempo. No tardé
en ver la respuesta. Allí encontré a alguien que hablaba
del Curso de Milagros. Era Andrés. Me gustó cómo
hablaba y con la humildad y paciencia de santo que atendía
a todo el mundo y las preguntas capciosas que se le hacían.
Observé...y
cada vez conectaba más con él, y con lo que decía
del curso, ya que relataba toda mi vida, mi pensar, mi sentir y
mi experiencia, así como veía respuestas a preguntas
que seguían rondándome.
Una de las veces que charlábamos, me encontré diciéndole
que creía de corazón que lo que decía el curso
parecía que lo había escrito yo, ya que ponía
las palabras justas a todo mi existir. Él me respondió...“es
que lo has escrito tú”. Como una flecha se fundió
en mí, hasta el punto de que Un Curso de Milagros se convirtió
en mi forma de vida, mi manera de expresar y de ser. Al ponerlo
en práctica fui viendo cómo mi entorno cambiaba. Allí
donde había habido conflicto, se tornaba en paz, amabilidad.
Siempre
decía...“¡Dios! ¿dónde está
el manual? Leí mucho, aprendí cosas, pero... ¿y
el manual?”
Bien, ahora cuando me preguntan qué es el curso, digo...“¡Un
manual para ser feliz en el día a día¡”
Es mi manera de resumir algo que de otro modo sólo se podría
explicar aplicándolo.
Milagros había visto, señales muchas, había
aprendido que en mi vida mi intuición me había llevado
a ver esos milagros, aunque dudase de ello. Al poner en práctica
el curso, esos milagros ya los veía como algo consciente,
como una certeza que jamás nada podría desvanecer.
Ahora
soy feliz, inmensamente feliz, y agradecida por el encuentro con
el curso, y con todos los que nos ha conectado, grandes maestros
para mí, enviados directamente como gran respuesta a todo.
Jamás en vida, un “GRACIAS” fue tan intenso y
salido de tan hondo, como cuando digo... GRACIAS A LA VIDA. GRACIAS
A TODOS VOSOTROS. GRACIAS AL UNIVERSO, Y GRACIAS AL QUE NOS MANDÓ
UN CURSO DE MILAGROS
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