Nombre:
Coby Vros
Lugar:
Argentina
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Hoy
voy a hablar en primera persona. Yo era una mujer que transcurría
mi vida basada en el amor, siempre fui confiada y positiva en mi
visión del mundo y de la vida que me transcurría.
Aquí viene el pero, era muy descalificadora en mi mente,
en la aparente aceptación desde la forma, dentro de mí
había una voz que ponía todo a prueba. También
tenía la necesidad de que los hechos de los que eran protagonistas
mis seres queridos o relaciones laborales actuaran en la forma que
yo esperaba, y de no cumplir este requisito, me invadía una
sensación de fracaso y de temor. Me sentía muy sola,
claro, si la autoridad mas alta en mi escala de valores era yo misma,
y estaba debilitada, no quedaba nadie a quien recurrir. Llegó
un momento de mi vida donde todo se caía y yo hacia esfuerzos
para sostenerlo, sin éxito. Esta situación me puso
literalmente de rodillas. Fue ese el momento en que una amiga me
acercó las lecciones de Un Curso de Milagros fotocopiadas
y las leía sin entender muy bien lo que hacía, y este
fue el primer milagro: estaba haciendo algo sin entenderlo. Fue
el primer paso.
Repetía en mi mente en cada ocasión que me sentía
atacada o deprimida, y para mi asombro una leve sensación
de paz empezó a invadirme. Desde entonces los períodos
de paz y de dolor se alternaban. En paralelo en el afuera: me separé,
vendimos la casa familiar, vendimos la quinta de fin de semana que
construimos ladrillo a ladrillo y plantamos cada árbol. Había
soñado que ese lugar sería mi retiro. El hijo que
aun vivía conmigo se fue a vivir al exterior. Me quedé
sola.
Antes me sentía sola... lo había logrado, estaba sola.
"Creo
el mundo que veo".
El
Curso comenzaba a regalarme momentos de intensa felicidad y paz.
Llevé a la práctica algo de lo que leía, como
por ejemplo no juzgar, tarea difícil, sobre todo en las conversaciones
con amigas o con familiares, donde siempre usábamos los comentarios
sobre lo que nos había ocurrido en el trabajo o con la pareja
desde un lugar donde en algún momento alguien pasaba a ser
el blanco de nuestras críticas. Callarme o no emitir juicio
alguno fue complicado en un principio, luego se hizo un hábito.
A consecuencia de mi silencio mi compañía resultó
aburrida para algunos. Se avecinaba otro cambio. Las situaciones
mas difíciles de sobrellevar eran las ligadas a personas
relacionadas con mi círculo afectivo. Ex pareja, madre, fueron
y son aun mis grandes desafíos.
Comienzo a hacer ejercicios de perdón, digo ejercicios, porque
como si fuera al colegio, me compré un cuaderno y empiezo
a escribir todo lo que se venía a mi cabeza, y cada situación
en la que me sentía víctima, atacada, o donde yo juzgaba
que me habían herido, perdonaba. Y seguía escribiendo.
Lo sorprendente fue que al seguir escribiendo todo lo que se venía
a mi cabeza, en algún momento me perdonaba a mí misma
por un hecho que se asemejaba bastante del que yo era víctima,
sólo que en ese caso era yo la victimaria. Perdón,
perdón y mas perdón.
"Perdono
a mi hermano por lo que nunca ha hecho."
Así
fui ocupando el espacio en esta casa que me ha sido dada en comodato
por un tiempo, y la que dejaré para volver a mi casa. Trato
de poner buena música, de vestirme para la circunstancia.
Recibo visitas, perfumo el ambiente y la mantengo limpia. No estoy
sola.
"Cristo
ha puesto su mano sobre tu hombro y ya no te sientes solo."
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