Noviembre
2007
El ego, las preferencias y los juicios
El
ego no es otra cosa que una opinión sobre ti. Una sensación
física asociada a ciertas actitudes mentales. Un conjunto
de ideas de otros sobre ti que tampoco saben quiénes son.
El ego es una forma de funcionamiento mental, una frecuencia específica,
y por esa razón, es importante identificar ese movimiento
que ocurre en la mente.
El ego es aquello que aparece en la pantalla de tu mente cuando
piensas “¿quién soy?”. Y esa imagen
provoca una emoción, una sensación física,
generalmente desagradable, que a continuación se convierte
en imágenes y recuerdos a los que les das realidad como
identidad, siempre asociada a un cuerpo y a recuerdos del pasado.
El ego es la única idea con la que por el momento te sientes
seguro para caminar por este mundo, ya que sin esa idea, el cuerpo
no tendría sentido para ti. Es, por lo tanto, una idea
que utilizas como nexo de unión entre lo que Eres y tu
experiencia en este mundo. Pero a lo que es sólo un medio
le has dado el poder de decirte quién eres, y lo has creído,
aunque no puede saberlo, y de tomar decisiones por ti, si bien
no puede ver nada con claridad.
Para mantener esta idea como algo consistente en tu mente, te
ves obligado a reforzarla permanentemente, ya que de otra forma
se desvanecería, lo cual no sería un problema de
por sí, excepto porque has aprendido a ver el mundo a través
de sus ojos invidentes. Te has acostumbrado hasta tal punto a
seguir sus dictados que sientes ahora que es tu identidad, y que
sin el ego simplemente dejarías de ser, y esto te produce
terror.
Esta falsa identidad se refuerza constantemente a través
de los juicios. Cuando tu mente juzga está viendo las cosas
de manera limitada, lo cual refuerza la idea limitada que tienes
de ti. Y por esa razón, cuando te planteas dejar de juzgar
crees que estás haciendo algún tipo de sacrificio.
Y así parecerá, ya que esa falsa idea sobre quién
eres comienza a desaparecer, y en la medida en que te hayas identificado
con ella, creerás morir.
Dejar de juzgar no es difícil cuando se comprende qué
es lo que está ocurriendo en realidad en tu mente, y qué
supone para ti. Si no comprendes cuál es la repercusión
que tienen sobre ti los juicios creerás simplemente que
se te está pidiendo hacer una renuncia de lo que deseas
conservar, ya que crees también que los juicios y el ataque
te dan seguridad. Lo único que hacen es reforzar en tu
mente la idea de que eres alguna otra cosa, excepto lo que Eres.
Y esa creencia te mantiene atado a todo aquello que está
asociado con el cuerpo.
El ego es la idea sobre ti que aparece en tu mente cuando juzgas.
No importa hacia dónde se dirija el ataque, sino el hecho
mismo de atacar mediante los juicios. Es importante que observes
con claridad cómo desaparece la paz cuando juzgas, y que
no confundas la proyección con la liberación de
la culpa, sino con el reforzamiento de aquello que te mantiene
atado a este mundo y te impide ser libre. Tampoco importa la intensidad
del juicio, ya que cualquier ataque te priva de la paz por igual.
La consecuencia de los juicios es siempre la tristeza, la depresión,
la ira, la preocupación y cualquier emoción que
no sea de perfecta paz.
Ante esta situación, existe la tentación de tratar
de resolver el problema por tu cuenta, olvidando que ese “tú”
que trata de resolverlo es parte del problema. Cuando se deja
de juzgar o cuando se ha perdido la fe en los juicios, el Espíritu
acude como respuesta a una petición de ayuda, ya que dejar
los juicios de lado es haber reconocido que no se sabe cuál
es el significado de la situación, y por lo tanto se está
pidiendo una respuesta diferente. De hecho, no hay una respuesta
diferente. Hay una única Respuesta, pero mientras se tenga
fe en la existencia de una voluntad ajena a la Voluntad de Dios,
se creerá que se tiene la posibilidad de elegir. La respuesta
del Espíritu Santo muestra sistemáticamente que
no hay ninguna otra respuesta, puesto que no hay ninguna otra
voluntad aparte de la de Dios y Su Hijo. Aceptar sistemáticamente
la respuesta del Espíritu Santo hace que el sistema de
pensamiento del ego comience a desvanecerse y finalmente desaparezca,
al no habérsele dado ninguna importancia y haber quedado
de esa manera perdonado completamente.
Dejar de juzgar significa únicamente que ya no estás
dispuesto a sufrir. Que no quieres anteponer tu pequeña
voluntad a la Voluntad de lo que Eres y de Quien te creó.
Significa que el mundo ha dejado de tener el significado que le
habías dado, que comprendiste que esa falta de significado
te hacía daño y no estás dispuesto a seguir
haciéndotelo. Significa que confías en que tu verdadera
voluntad te será mostrada y te indicará invariablemente
el camino. Y comprobarás que esa confianza estaba plenamente
justificada a través de los resultados de los que serás
consciente en tu vida y en la vida de quienes te rodean.
Dejar de juzgar es dar un salto en tu percepción, con la
plena confianza de que Dios está esperándote al
otro lado. Dejar de juzgar te lleva a la comprensión de
que no había otro lado.
Regresar
a la sección Artículos Mensuales...