Mayo
2007
Resolución
de conflictos
No
existe ningún conflicto que sea real, puesto que no ha
sido creado. Cualquier conflicto que se percibe como real es sólo
una interpretación equivocada de algo que no puede generar
conflicto. Se trata, por lo tanto, de examinar la idea que ha
producido una emoción que tú consideras dolorosa
y que has proyectado sobre una persona o una situación
determinada.
El hecho de que estés mirando hacia afuera debiera indicarte
que no crees ser tú quien está pensando equivocadamente.
Te sugiero que leas detenidamente lo que sigue, especialmente
si percibes en ti algún tipo de conflicto, y que permitas
que las palabras te muestren su significado.
El primer paso que debe darse para la resolución de un
conflicto es reconocer que has perdido la paz. Esto, que parece
obvio, se pasa muchas veces por alto, y no se reconoce que ha
ocurrido, sino que se justifica con todo tipo de argumentos. Mientras
no tengas la suficiente humildad como para reconocer que has perdido
la paz, el conflicto parecerá interminable. La razón
por la que pasas por alto este reconocimiento tan simple es por
todo lo que implica para ti, e implica mucho más de lo
que crees, puesto que tu idea de identidad está involucrada
en ello.
Los pensamientos reales producen paz. Los pensamientos irreales
producen dolor. Si no estás en paz en todo momento es porque
has pensado equivocadamente y has creído convertirte en
algo detestable.
Observa que no estamos hablando de la situación que estás
viviendo. Estamos hablando únicamente de tu interpretación
de la situación, puesto que no hay nada más. Puesto
que nada está ocurriendo fuera de ti, el segundo paso consiste
en no interactuar con lo que no está ocurriendo, recordándole
de esta forma a tu mente que no tiene ningún sentido hacerlo,
y que de no ser así, estarás creyendo que realmente
ocurre algo afuera, y que el mundo tiene el poder de determinar
lo que sientes.
Este segundo paso puede contener en sí mismo una forma
de engaño, ya que en ocasiones creerás que interrumpir
la comunicación con el otro o abandonar la situación
será tu salvación. No hacer nada con respecto a
la situación conflictiva consiste en no tomar decisiones,
y tanto interrumpir la comunicación como abandonar la situación
serían decisiones que estás tomando por tu cuenta.
No hacer nada significa simplemente que tu mente está receptiva
y que no ha determinado cuál ha de ser el resultado con
respecto a nada. Es muy importante en este punto ser verdaderamente
honesto. La paz vuelve a ser la referencia que te muestra si estás
tomando decisiones por tu cuenta o si simplemente estás
permitiendo que la decisión sea tomada por ti desde el
Espíritu. Si abandonas la referencia emocional de la paz
abandonas lo único que puede liberarte de cualquier conflicto,
y afirmas entonces que el conflicto es tu decisión. Es
inevitable que vivas aquello que deseas.
Las emociones conflictivas que provienen de los pensamientos falsos
generan en ti con el tiempo una forma de adicción, de manera
que cada cierto tiempo necesitarás volver a repetir la
misma situación de conflicto para obtener la emoción
a la que te has vuelto adicto. En la medida en que no interactúas
con lo que interpretas como una situación “externa”
tu mente se calma. Como ocurre con cualquier adicción,
la paz no es lo primero que se experimenta cuando dejas de hacer
aquello a lo que te has vuelto adicto. El primer síntoma
es una sensación más profunda de dolor que te incita
a actuar rápidamente defendiéndote como tantas veces
has hecho. Pero recuerda que si lo haces estarás simplemente
prolongando tu problema mental en el tiempo, ya que repetir la
misma acción que te aleja de la paz significa reforzar
los pensamientos que han dado lugar al problema.
Cuando la mente se calma se vuelve receptiva a los verdaderos
pensamientos del Espíritu, los cuáles producen paz.
Esta paz es lo único que puede llenar el espacio que antes
ocupaban tus “pensamientos personales”, y se refuerza
mediante la repetición, tal y como lo hizo anteriormente
el conflicto.
Por lo tanto, no hacer nada, no interactuar cuando se percibe
que el problema está “afuera”, es lo único
que puede devolverle a tu mente la cordura y mostrarle que ciertamente
no había nada que resolver, puesto que cuando la mente
ha vuelto a su estado natural de paz, el problema simplemente
se ha desvanecido.
Cuando permites que pase el tiempo y no reaccionas, cuando simplemente
observas la situación y te das cuenta de que no puede ser
real porque lo que sientes no es paz, otro mecanismo se pone en
marcha. Un mecanismo nuevo, con una nueva visión y con
la capacidad de modificar todo ese sistema mental automático
e inconsciente que se repite cíclicamente. En la medida
en que el Espíritu es quien está al mando de tu
mente de forma constante, la invulnerabilidad que antes veías
tan alejada de ti comienza a ser un hecho, y al dejar de lado
los pensamientos con los que antes atacabas a todos y a todo…
recuerdas que eres inocente.
Regresar
a la sección Artículos Mensuales...