Enero 2008
Resistencia
a ver
Mientras tu estado mental y emocional no sea lo más
importante para ti en cada instante, no importa nada de lo que
hagas, ni la importancia que tenga para ti. No importa lo urgente
que creas que es cada asunto en el que te involucras para no ver
nada más. Ni importan las consecuencias de no haberte ocupado
“responsablemente” de ello ni ningún tipo de
desenlace posible. Cada situación en la que decidiste involucrarte
“afuera” era sólo una excusa más para
no mirar la causa de todas ellas.
Es más honesto aquietarse por unos instantes y reconocer
que en realidad no quieres ver. Ese reconocimiento libera a la
mente de una gran tensión. Reconoces esa tensión
cada vez que piensas en detener tu mente un momento de la vorágine
de su absurda e inconsciente actividad, tan importante para ti.
Mediante la práctica con los ejercicios puedes comprobar
el enorme rechazo que sientes al pensar en aquietarte por un rato,
y cómo tu mente trata de evadir ese momento en el que le
entregas tu mente al Espíritu en paz. Por lo tanto, la
paz no es lo que deseas todavía. El problema de no reconocer
esto consiste en la enorme cantidad de tiempo que pierdes creyendo
que quieres lo que todavía no deseas encontrar.
Podemos ser honestos hoy y reconocer esto: que la paz es algo
que te asusta, algo que contradice tu idea del mundo, de tus relaciones
e incluso de ti mismo. Por lo tanto, llevar a tu mente a la paz
por un momento sólo puede producir miedo, ya que en la
paz el ego no puede prevalecer. Y si el ego es lo que crees que
eres, creerás que en la paz mueres. Ésa es la razón
por la que la práctica de los ejercicios resulta tan confrontante,
la razón por la que olvidas con tanta facilidad el único
propósito para el cual viniste a este mundo, y la razón
por la cual mantienes una guerra oculta en tu mente hacia el contenido
de este Curso.
Tal vez no sea eso lo que compartas con otros, y de lo que te
escuchen hablar sea de las maravillas que has logrado y una cierta
serenidad con respecto al pasado. Pero recuerda que el ego es
muy astuto, y enarbolará esos pequeños logros para
mantenerte entretenido con ellos, y ocultar hábilmente
aquello que todavía no estás dispuesto a sanar.
Podrá mantenerte en ese estado durante mucho tiempo. Tal
vez incluso abandones este mundo sin haber reconocido esa negación
a ver lo que te hacía daño, oculto tras mínimos
logros y pequeños y tímidos avances.
No te conformes con la miseria que el ego te ofrece. Eres un Hijo
de Dios, y sólo la perfecta paz es tu herencia. Detente
las veces que sea necesario para ver cómo te sientes, para
observar por qué te sientes así, por qué
estás triste. Si eso no es importante ¿qué
es importante para ti? ¿qué otra cosa requeriría
más fervientemente tu atención que observar los
obstáculos que te impiden ser plenamente dichoso para que
sean deshechos para siempre? Y si la paz no es tu prioridad ¿por
qué te extrañas cuando a pesar de la práctica
de este Curso no eres plenamente feliz?
El Espíritu no quiere quitarte lo poco que tienes y que
tanto valoras. Pero es importante que tú te des cuenta
de qué se trata ese “tesoro” que tratas de
proteger de la luz de la verdad. Porque mientras no lo veas, seguirás
mirando en otra dirección, y lo único que verás
serán las proyecciones de eso que te has negado a ver para
ser liberado.
Cada instante de quietud que le ofreces a tu mente es una invitación
al Espíritu en ella. Y cuando el ego se da cuenta de esta
invitación te incita a mirar inmediatamente en otra dirección,
para que salgas corriendo tras ilusiones de responsabilidades,
necesidades, planes, obligaciones y demás estratagemas
que te hagan olvidar que tu única responsabilidad como
un obrador de milagros es aceptar la Expiación para ti
mismo.
Practicar la salvación no debiera ser algo agotador. Tú
mismo reconoces, cuando eliminas las resistencias iniciales a
estar en paz, que eso es lo que realmente deseas. Pero una vez
que vuelves al caos lo olvidas. Decir que no tienes tiempo para
estar en paz es una clara negación a ser libre. Una resignación
explícita a la dependencia, la esclavitud, la enfermedad,
la tristeza y la depresión constante.
Porque ¿qué ocurriría si te dieras cuenta
de que no hay nada en este mundo que merezca tu dedicación
y tu tiempo, excepto el hecho de pasarlo de largo? Tendrías
que replantearte muchas cosas y son realmente muy pocos los que
están dispuestos a hacer este acto de humildad en el que
reconocen simplemente que se equivocaron. Así que sencillamente
cierran los ojos y siguen caminando hacia ninguna parte apresuradamente,
siempre ocupados, para que parezca que hay algo importante que
hacer aquí, justificando generalmente su falta de voluntad
con algún “bien ajeno” que deben hacer para
satisfacer la expectativa de otro.
Sin este reconocimiento, todo es en vano porque todo se convierte
en una huída hacia delante que no lleva a ninguna parte.
Aunque parece haber dos mundos, sólo uno de ellos es real.
No lo puedes ver, pero está disponible en tu mente. Cuando
nublas tu visión al mundo real, lo que ves con ojos físicos
es lo que aparece ante ti. Y en la medida en que reaccionas a
él te estás negando a ver lo que realmente está
ahí. Cuando te preocupas o le das alguna realidad al mundo
que ves en cualquiera de sus aspectos o formas te sigues negando
a ver la verdadera causa de lo que está aconteciendo, que
no es física.
El hábito de cerrar tus ojos al mundo por unos instantes
para devolverle la paz a tu mente se adquiere de manera natural
cuando cesan las resistencias al amor y cuando has comprendido
que no hay nada aquí que merezca la pena anhelar.
Regresar
a la sección Artículos Mensuales...