Diciembre
2007
Un
Curso incómodo
Los Guerreros de la Luz de este mundo ya no caminan sobre él
con una pesada espada ni una incómoda armadura. Ahora llevan
consigo un pesado libro azul a casi todas partes. Se les puede
ver llegar con él desde todas direcciones a su lugar de
reunión, donde se enfrentan a mil y una batallas. Guerreros
disfrazados de amas de casa, de madres y padres, de abuelos, de
jefes o empleados…o cualquier otra cosa. Pero son Guerreros.
Llevan la espada del conocimiento en sus mentes, el escudo de
la sabiduría en sus corazones y una armadura de inocencia
que les hace invulnerables.
Si
ves su apariencia no parecen distintos de los demás, y
sin embargo lo son. Es posible que ellos ni siquiera se den cuenta
de que lo son, pero su luz brilla con mayor intensidad porque
una parte del Cielo va con ellos donde quiera que vayan. Y esa
luz les habla, les susurra suavemente las respuestas a sus preguntas,
les dirige con ternura hacia lugares de paz y descanso, aún
cuando ellos todavía quisieran seguir luchando con fantasmas
que existen sólo en sus mentes y caminar hacia el olvido
total.
Esa luz es la Respuesta a una verdadera pregunta planteada en
algún momento. Es la Respuesta que llega al haberse puesto
en duda mínimamente la realidad de este mundo loco.
Son
Guerreros porque van a la batalla a morir. Porque a pesar del
dolor de las heridas continúan adelante. Sus ojos reflejan
el dolor de la muerte mientras hacen una pregunta más.
Y la respuesta, o la ausencia de ella, se clava en sus corazones
sin ninguna concesión. Aún así, ellos siguen
en pie. Algo les dice que si continúan un poco más
encontrarán lo que por tanto tiempo estaban buscando.
Y
así será. Pero el camino parece incierto, aunque
ha sido bendecido por el amor. Estos Guerreros de la Luz realizan
sus prácticas día tras día. A veces con mayor
inspiración, a veces desanimadamente, y otras con los puños
apretados y rabia en sus corazones, como si desafiaran al Mismo
Dios que se las ofreció para su liberación. Y dan
un paso más, quizá temeroso, quizá firme,
pero es un paso que les aleja poco a poco del infierno en el que
se adentraron. Leen textos que les parecen incomprensibles. Se
resisten, se resienten, sufren, se frustran, odiando y a la vez
amando una verdad que está mucho más allá
de las palabras que están aprendiendo a entender.
Decidieron
entrar por el camino estrecho, aquel que no todos están
dispuestos a recorrer. Y poco a poco va cayendo en pedazos su
importancia personal, su arrogancia, sus planes, las ideas absurdas
que les mantenían prisioneros, las resistencias, los juicios
y todo tipo de ilusión.
Se
dirigen firmemente hacia el Cielo, donde no es posible entrar
con tan pesado equipaje. Y así van desprendiéndose
tristemente de él, quizá mirando atrás de
vez en cuando para ver lo que van dejando por el sendero. Pero
también comienzan a darse cuenta de lo ligero que se camina
sin él. Y ahora comprenden que no lo necesitaban. Que todo
ese equipaje era sólo una manera de protegerse de la verdad
que les invitaba constantemente a regresar al Hogar. Y a medida
que han escuchado a la verdad susurrarles día a día
verdades ancestrales, le han perdido el miedo, y ahora caminan
ligeramente de Su Mano, con la confianza, la gratitud y el amor
como único equipaje.
Cuando
se cruzan en su camino con aquellos que arrastran pesadamente
sus pies y van cargados con el mismo equipaje del que ellos se
liberaron, les dan su bendición. Y en ese instante su carga
se hace más ligera y una esperanza nace en sus corazones.
A cada Hijo de Dios que comienza a liberarse de la batalla el
Cielo le da las gracias. Porque con su liberación el mundo
queda liberado. Se han unido a la cruzada de la Expiación
y nunca volverán a estar solos en un mundo solitario.
Me uno a ti en tu camino. Caminamos juntos de regreso a nuestro
amado Padre. Más allá de las formas que parecen
diferenciarnos compartimos una misma luz, un mismo Amor.
No
estás solo porque contamos uno con el otro. Agradezco tu
presencia en mi camino y el tiempo compartido sobre esta tierra.
Llevamos a cabo nuestro acuerdo a pesar de la densidad de este
mundo, y finalmente nos hemos encontrado.
Recordemos
conjuntamente en estas fechas que Cristo renace a cada instante
en nuestro corazón. Que la visión del Espíritu
dirija nuestros pasos para que las sombras permanezcan alejadas
de nuestras mentes para siempre.
Que
los milagros reemplacen
todos los resentimientos
contra el santo Hijo de Dios
para que éste sea descendido de la cruz
y permanezca en los amorosos brazos de su Padre
por toda la eternidad...
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